LA IMAGINACIÓN EN LA MEDITACIÓN

Stephen Batchelor (en: El budismo sin creencias. Gaia, 2008)

Algunas reflexiones sobre la práctica de la meditación, de Stephen Batchelor, seguidas de uno de los textos fundamentales de la tradición budista sobre la meditación: el Sutra del Diamante.

La práctica de la meditación se parece más a la creación artística que a la resolución de un problema técnico. La dimensión técnica de la práctica de la meditación (como por ejemplo el entrenamiento para tener una mente atenta y focalizada) es comparable a las habilidades técnicas que un ceramista tiene que aprender para ser experto en su campo. Ambos pueden requerir muchos años de disciplina y trabajo duro. Sin embargo, para ambos esa pericia es sólo un medio, no un fin en sí mismo. Del mismo modo que competencia técnica en cerámica no es garantía de vasijas hermosas, competencia técnica en la meditación no es garantía de una respuesta sabia o compasiva ante la angustia.

El arte de la práctica de la meditación requiere empeño, logros técnicos e imaginación. Como con todas las artes, si falta uno de los tres no lograremos materializar todo su potencial. La materia prima de la práctica de la meditación somos nosotros mismos y nuestro mundo, aspectos que deben ser entendidos y transformados de acuerdo con la visión y los valores del propio dharma. Este no es un proceso de trascendencia propia sino de creación propia.

El hecho de negar el “ego” desafía la noción de un ego independiente del cuerpo y la mente—no el sentido ordinario de mí mismo como una persona diferente de todos los demás. Esta noción de una realidad concreta i un ego estático es el principal impedimento a nuestro potencial único como ser humano. Al disolver esta ficción por medio de la comprensión de la transitoriedad y la vacuidad somos libres de crear, a través de nuestra imaginación, una nueva identidad, una nueva realidad.

*

La enseñanza del Buda: El Sutra del Diamante. Selección:

(1) Esto es lo que he oído. Una mañana, cuando el Buddha estaba cerca de Shravasti, en el bosque de Jeta, en el estado de Anathapindika, Él y Su congregación de mil doscientos cincuenta monjes fueron a la ciudad para mendigar el desayuno; cuando regresaron y terminaron de comer guardaron las túnicas y los cuencos y se lavaron los pies. Entonces el Buddha tomó Su asiento y los demás se sentaron ante él.

(2) De entre la asamblea se levantó el Venerable Subhuti. Se desnudó el hombro derecho, se arrodilló sobre su rodilla derecha, y juntando las palmas de las manos se inclinó ante el Buddha. «¡Señor! -dijo- ¡Tathagata! ¡Honorable! ¡Qué maravilloso es que seamos protegidos e instruidos por Su misericordia! Señor, cuando hombres y mujeres anuncian su deseo de seguir el Camino del Bodhisattva, y nos preguntan cómo deberían proceder, ¿qué deberíamos decirles?»
(3) «¡Bien Subhuti! -contestó el Buddha- cuando alguien dice, ‘¡Quiero seguir el Camino del Bodhisattva porque quiero salvar a todos los seres; sin importarme que sean criaturas que hayan sido formadas en un útero o incubadas en un huevo; que sus ciclos vitales sean tan observables como el de los gusanos, insectos o mariposas, o que aparezcan tan milagrosamente como las setas o los dioses; que sean capaces de pensamientos profundos, o de ningún tipo de pensamientos; hago el voto de conducir a cada uno de los seres al Nirvana; y hasta que no estén todos allí seguros, no recogeré mi recompensa y entraré en el Nirvana.!’ entonces, Subbhuti, debes recordar como uno-que-ha-tomado-los-votos, que incluso si tal incontable número de seres fueran liberados, en realidad ningún ser habría sido liberado. Un Bodhisattva no se aferra a la ilusión de una individualidad separada, una entidad egótica o una identificación personal. En realidad no hay «yo» que libere, ni «ellos» que sean liberados.
(4) «Además, Subhuti, un Bodhisattva debe estar liberado de todo deseo, ya sea de ver, oír, oler, tocar o gustar algo, o de conducir multitudes hacia la iluminación. Un Bodhisattva no alberga ambición. Su amor es infinito y no puede ser limitado por las ataduras personales o las ambiciones. Cuando el amor es infinito sus méritos son incalculables.

(…)Estos Bodhisattvas no considerarán las cosas como si fueran contenedores de cualidades intrínsecas, ni como si estuvieran desprovistas de cualidades intrínsecas. Tampoco discriminarán entre bien y mal. La discriminación entre conducta virtuosa y no virtuosa debe utilizarse al igual que una balsa. Una vez que lleva a uno-que-cruza-la-corriente hasta la otra orilla se abandona.

(7) «Dime Subhuti, ¿ha logrado el Tathagata la Iluminación Perfecta que Trasciende las Comparaciones? De ser así, ¿hay algo sobre ella que el Tathagata pueda enseñar?
Subhuti respondió, «Tal como entiendo la enseñanza, la Iluminación Perfecta que Trasciende las Comparaciones no puede ser alcanzada ni atrapada, como tampoco puede ser enseñada. ¿Por qué? Porque el Tathagata ha dicho que la Verdad no es una cosa que pueda ser diferenciada o contenida, y por lo tanto, la Verdad no puede ser atrapada ni expresada. La Verdad ni es ni no es.
(8) Entonces el Señor preguntó, «Si alguien llenara tres mil galaxias con los siete tesoros -oro, plata, lapislázuli, cristal, perlas rojas y cornalina- y lo diera todo como regalos de caridad, ¿obtendría mucho mérito?»
Subhuti respondió, «Señor, en efecto adquirirá gran mértio, aunque en verdad, no tiene una existencia separada a la que el mérito pueda acumularse.»
Entonces dijo el Buddha, «Suponte que alguien haya comprendido solamente cuatro líneas de nuestro Discurso, pero a pesar de eso se ve movido a explicárselas a otro; entonces, Subhuti, su mérito será mayor que el de aquel que pratica la caridad. ¿Por qué? ¡Porque este Discurso puede producir Buddhas! ¡Este Discurso revela la Iluminación Perfecta que Transciende las Comparaciones!»
(9) «Dime, Subhuti, ¿un discípulo que comienza a cruzar la Corriente se dirá a sí mismo, ‘soy merecedor de los honores y recompensas de uno-que-entra-en-la-Corriente’?»
«No, Señor. Un verdadero uno-que-entra-en-la-Corriente no pensará en sí mismo como una entidad egótica separada que pueda ser digna de algo. Solo se puede decir que verdaderamente ha entrado en la Corriente aquel discípulo que no diferencia entre él mismo y los demás, que no toma en consideración nombre, forma, sonido, olor, gusto, tacto, o cualquier otra cualidad.»
(…)
«Dime Subhuti, ¿se dirá un Buddha a sí mismo, ‘he alcanzado la Iluminación Perfecta.’?»
«No, Señor. No hay una Iluminación Perfecta que alcanzar. Señor, si un Buddha Perfectamente Iluminado se dijera, ‘así soy yo’, estaría admitiendo una identidad individual, un yo y una personalidad independientes, y en tal caso no sería un Buddha Perfectamente Iluminado.»

«¡Oh, Honorable! Ha declarado que yo, Subhuti, sobresalgo entre Sus hombres santos en el conocimiento de la bienaventuranza del samadhi, en estar perfectamente contento en soledad, y en estar libre de pasiones. Pero no me digo, «así soy yo», porque si alguna vez pensara en mí mismo de tal manera, no sería verdad que he escapado de la ilusión del ego. Sé que en realidad no existe Subhuti y que por lo tanto Subhuti no mora en ninguna parte, que ni conoce ni ignora la bienaventuranza, que ni es libre ni es esclavo de las pasiones.»
(…)
(13) Entonces Subhuti prenguntó, «Honorable, ¿cómo se debería llamar este Discurso?»
El Buddha respondió, «Este discurso deberá ser conocido como El Vajracchedika Prajna Paramita – El Diamante Cortador de Sabiduría Trascendental – porque la Enseñanza es fuerte y afilada como un diamante que corta a través de los malos enjuiciamientos y la ilusión.»
(…)
(17) «Señor, ¿cómo deberíamos instruir a aquellos que desean tomar los votos de Bodhisattva?»
«Decidles que si desean alcanzar la Iluminación Perfecta que Trasciende las Comparaciones deben ser resueltos en sus actitudes. Deben estar decididos a liberar a cada uno de los seres vivos, aunque en realidad comprendan que no hay seres individuales o separados.
«Subhuti, para ser llamado verdaderamente Bodhisattva, un Bodhisattva debe estar completamente desprovisto de cualquier concepción de un sí mismo.
(…)Debería morar en la verdad eterna de la Realidad. Debería saber que el ego es un fantasma y que tal engaño no tiene que seguir existiendo.
«Y así debería mirar el mundo temporal del ego:
«Como una estrella que cae, o Venus eclipsada por el alba,
Una burbuja en una corriente, un sueño
La llama de una vela que chisporrotea y se va.»

Cuando el Buddha hubo terminado, el Venerable Subhuti y el resto de asamblea se llenó de gozo con Su enseñanza; y llevándola sinceramente en el corazón, emprendieron sus caminos.

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