Colección Nº2. Ejercicios de Jñana Yoga


Introducción

Las realidades no son como un viviente tiene que verlas y darlas por reales para vivir.
Las cosas no son como tiene que verlas y darlas por reales una mosca, un gusano, un ratón o un hombre.

Los vivientes tienen que tener una visión e interpretación dual de todo: tienen que interpretarse como un sujeto de necesidades, diferente y separado del medio en que vive, que es para él un conjunto de objetos con los que satisfacer sus necesidades.

Todo viviente tiene que interpretar y apreciar las realidades como un conjunto de sujetos, diferentes unos de otros, en un mundo de objetos

Cada especie viviente es una estructura de necesidades diferenciada que tiene un mundo de objetos correlatamente diferenciado.

Cada especie viviente tiene un mundo diferente.

Los hombres estamos sometidos a esa ley general de los vivientes.

Nuestros grandes cambios culturales son equivalentes a los cambios de especie de los restantes vivientes. Culturas muy diferenciadas y distanciadas tienen mundos muy diferenciados y distanciados.

Lo que ven y sienten por real cualquier especie de vivientes, incluida la nuestra, no es lo que ahí hay.

Ahí, en todo lo que nos rodea, incluyéndonos a nosotros mismos, no existen esas divisiones de sujetos y objetos que los vivientes necesitamos construir para sobrevivir.
La realidad que nos rodea, que nosotros también somos, está vacía de dualidades y de sujetos y objetos. Lo que realmente hay es nada de esas construcciones.


Trabajaremos con la razón y la intuición mental para conseguir barrer de la cabeza y del sentir las construcciones que los vivientes proyectamos sobre la realidad, para intentarla conocer, sentir y percibir como es, vacía de todas esas construcciones

Razonando hasta procurar provocar la intuición, silenciaremos la interpretación obvia con el fin de llegar acceder a la luz de la mente, la conmoción del sentir y la percepción vacía de interpretación. Pretendemos tocar con todas nuestras facultades “eso no-dos” que todo es.

Para esta faena utilizaremos dos grandes textos clásicos

-Ashtávakra Gítá
-Brahma-Sûtras, comentado por Sankara.

 

EJERCICIO n. 1

Jánaka dijo:
Oh Señor, dime: ¿cómo puede un hombre adquirir el conocimiento de la Verdad, obtener la liberación y practicar la renunciación (de lo que le encadena)?

Ashtâvakra dijo:
Oh amigo mío, si la liberación es tu objetivo en la vida, entonces evita los objetos de los sentidos como si fueran veneno (deja de estar extrovertido y vuélvete hacia tu interior) y busca la compasión, la sencillez y la verdad como se busca el néctar.

No eres ni tierra, ni agua, ni fuego, ni aire, ni éter. (No eres material) Sabe que tu Sí (Atman) es Testigo de eso y diferente de eso, si quieres alcanzar la liberación.

Si cesas de identificarte con tu cuerpo, y permaneces en reposo en la Inteligencia (en tu condición de Testigo), gozarás de una felicidad inmediata, la paz eterna y la liberación de tu servidumbre imaginaria.

Tú (como Atman) no formas parte ni de los Brahmanes, ni de las demás castas, tampoco perteneces a las cuatro etapas de la vida (niño, joven estudiante, padre de familia, anciano retirado a meditar). No eres un objeto de percepción de los sentidos, tú eres el único Testigo, desprendido por naturaleza y sin forma ¡Sé feliz!

Virtud y vicio, placer y dolor, son estados de la mente, y tú Sí es independiente de ellos. Tú no eres ni el que actúa ni el que goza; tú eres siempre libre.

El egoísmo en forma de “yo soy el que actúa” se parece a una gran serpiente negra y venenosa. El antídoto de ese veneno es reconocer que “yo no soy el que actúa”. Este conocimiento conduce a la felicidad.

(Ashtávakra Gítá, Cap. 1, 1-8)

EJERCICIO nº 2.

La oscura selva de la ignorancia (de lo que es tu naturaleza propia, tu Sí) es causa del dolor y debería ser consumida por con convicción:”Yo soy la única Conciencia (el Ser-Conciencia no dual) siempre pura.

La dualidad de sujetos y objetos, la construye mi necesidad de viviente. Lo que realmente hay es el “no-dos”, no mis construcciones duales. “Lo que es” es Ser-
Conciencia no dual.

Quien piensa que es libre es libre, y quien piensa que está esclavizado está esclavizado. Verdad es el dicho: “Lo que un hombre piensa, eso se vuelve”.

Apoya la afirmación anterior, remarcando el poder del pensamiento capaz de construir mundos. Se consciente del poder de tu mente.

El Sí (tu ser propio original) es el testigo omnipresente, perfecto, libre, único, consciente, no-activo, no se apega a ningún objeto, sin deseo, eternamente sereno. ¡Tú eres eso!

¡La gran afirmación Vedanta! Tú eres “lo que es”, el “no-dos” Absoluto que es Ser-Conciencia. Fuera de “eso que es”, no hay nada.

Contempla siempre (en ti) la Conciencia por siempre inmutable, el Atman sin dualidad. Renunciando a toda identificación exterior o interior del Sí con el no-sí, (es decir) abandona la noción del sí individualizado.

La otra gran verdad común al budismo y al vedanta: en ti no hay nadie, ninguna individualidad, sólo una forma de manifestarse del Ser Conciencia sin forma.

Oh hijo mío, la malla de la identificación del Sí con el cuerpo te ha aprisionado bastante tiempo. Con la espada del conocimiento: “yo Soy Conciencia”, corta esa ilusión y sé feliz.

Tu ser propio no se identifica con tu cuerpo, porque tu ser propio es el “no-dos” que es Ser-Conciencia. Tu cuerpo es sólo una forma que adopta ese “no-dos”, para dejarla después. Tu no eres esa forma pasajera sino el Sin-forma que se manifiesta en él. Ese es tu ser propio, tu Sí. Si comprendes eso, todas tus preocupaciones se habrán terminado y serás feliz.

El Universo está penetrado por ti y existe en ti. En verdad eres por naturaleza Conciencia Absoluta; no busques refugio en la estrechez del corazón pensado que eres otra cosa.

Conócete como Conciencia pura.

EJERCICIO nº 3.

En el interior y en el exterior de la forma reflejada en el espejo, existe el espejo. De manera semejante, el Supremo Señor existe en el interior y en el exterior del cuerpo.

Como en el trasfondo del espejo aparece toda imagen, que es el espejo y sólo el espejo, así en el trasfondo del “no-dos” aparece toda forma que no es más que el “no-dos”.

Como el cántaro está lleno en el interior y el exterior por un éter idéntico, así la omnipresente Realidad está en toda cosa.

La Realidad Absoluta, “el no-dos” está en mi interior y en mi exterior.

Así como las olas, la espuma y las burbujas no son distintas del agua, así a la luz del verdadero conocimiento, el Universo, nacido del Sí (que es el “no-dos” y mi ser propio), no es distinto del Sí.

Todo está vacío de sujetos y objetos, lo único que existe realmente es Eso no-dos; por tanto, el Universo y mi propio ser, no son dos.

Así como la pieza de tela, si se piensa en ella, no es distinta de sus hijos, así el Universo, si se piensa en él, no es distinto del Sí.

Así como el zumo de la caña de azúcar penetra totalmente el azúcar que produce, así el Universo, producido fenoménicamente en mí, está penetrado por mi Sí.

Mi mundo es mi creación. Vivo en un mundo construido por mis deseos y temores, mis expectativas y mis proyectos. Está, pues, producido en mí. Además, su realidad profunda es la de mi propio ser original, el no-dos.

El mundo aparece como resultado de la ignorancia de la naturaleza del Sí, y desaparece en cuanto se reconocer la naturaleza del Sí. La serpiente ilusoria nace si no se conoce la cuerda, y desaparece en cuanto se conoce la cuerda.

Si me creo una entidad real, el mundo para mí será real; eso es la ignorancia. Si conozco mi ser original y primigenio, el “no-dos”, el mundo y todo lo que me rodea, será también el “no-dos”; eso es el conocimiento.

Mi naturaleza es Conocimiento y no es sino Conocimiento. En verdad, el Universo se revela a la luz de mi Sí.

Si me conozco en lo que soy Ser-Luz, todo se revela como Ser-Luz.

EJERCICIO nº 4.

La idea de dualidad es la raíz de todos los sufrimientos; su único remedio es la percepción de la irrealidad de todos los objetos y la realización de mí mismo como Unidad, pura Conciencia y Beatitud.

La idea de que vivimos en un mundo de objetos y sujetos es la causa de todas nuestras ignorancias y de todos nuestros males. No hay ningún objeto ni tampoco ningún sujeto. Lo único que hay es eso-no-dual que es Ser, Conciencia y Beatitud. Eso es lo que yo soy.

Qué extraño es que el mundo aparezca en mí en virtud de la ignorancia, como la ilusoria plata en el nácar, la serpiente en la cuerda y el espejismo en los rayos del sol.

El mundo de objetos y sujetos sólo está en mi mente, como la plata en el nácar, la serpiente en la cuerda o el espejismo en el desierto.

El mundo ha nacido de mí mismo, en mí existe, en mí se disuelve; del mismo modo que los cántaros vuelven a la tierra, las olas al agua y los brazaletes al oro.

El mundo de objetos, colores, formas, con sus significados y valiosidades, no está ahí fuera, subsisten en mi mente. De ella nace, en ella subsisten y en ella desaparecen.

Pese al cuerpo y a sus propiedades, soy Uno. No voy a ninguna parte, no vengo de ninguna parte, permanezco en mi Sí, llenando todo el Universo.

Puesto que no existe ahí fuera la dualidad de sujetos y objetos, no hay ninguna individualidad. Por tanto, soy el “no-dos” (no sujeto y no objeto), no vengo de ninguna parte ni voy a ninguna parte. Si no hay dos, ¿quién podría venir?, ¿de dónde? ¿hacia dónde?

Yo no soy el cuerpo y el cuerpo no es mío. Soy pura Conciencia. Mi única servidumbre es mi deseo de seguir viviendo como entidad separada.

Ni soy el cuerpo ni hay en mí nadie que posea el cuerpo. Mi error es considerarme alguien venido a este mundo. Mi realidad es únicamente la de “eso no-dos que es”.

Soy el océano ilimitado en el que, cuando el viento del espíritu se levanta, nacen los mundos como las olas en el mar.

Cuando el viento del espíritu muere en el océano de mi Ser, entonces el barco del Universo zozobra con su pasajero.

¡Cuán extraño es que en mí, océano ilimitado, se levanten como olas las individualidades! Se cruzan y juegan por un tiempo, luego desaparecen según sus naturalezas respectivas!


EJERCICIO nº 5.

El sabio que ha conocido la verdad sobre el Sí (sí mismo), juega el juego de la vida, y no existe semejanza entre su manera de vivir y la de los engañados que viven el mundo como simples bestias de carga.

El sabio vive en paz y libertad, los engañados en la inquietud y en la sumisión.

El que conoce la verdad, no está afectado por el vicio y la virtud, así como el cielo no es afectado realmente por el humo que lo oculta, aunque parezca que así es.

La dualidad de vicio y virtud no afectan al sabio. Quien se sabe el “no-dos”, ¿qué comportamiento podría afectarle?

El que conoce la Verdad, el Mahâtma, que ha aprendido que el Universo no es sino su propio Sí, vive libre.

Quien se sabe el “no-dos”, que es todo, ¿qué podría someterle?

De las cuatro clases de seres creados, desde Brahma hasta una brizna de hierba, sólo el sabio, renunciando al deseo y la aversión, sabe que todo es Brahman.

El sabio, porque renuncia al deseo y la aversión, sabe que todo es Brahman.

No tienes vínculo con nada, eres puro. ¿A qué hay que renunciar? Destruye la identificación con el cuerpo y la mente, y entra en el estado de nóumeno

No será necesario renunciar a nada si dejas de identificarte con el cuerpo y la mente. Hazlo y entra en el misterio.

Así como las burbujas surgen en el océano, así surge el universo en el Sí. De este modo, conocimiento que el Sí es todo, entra en el estado de nóumeno.

Conoce que el Sí es todo porque es el “no-dos” y entra en la unidad.

Permanece igual en el placer y en el dolor, en la esperanza y en el desespero, en la vida y en la muerte. De este modo, entra en el estado de nóumeno.

Permanece ecuánime en toda circunstancia y entra en el misterio. La ecuanimidad es el silencio del sentir.

EJERCICIO nº 6.

Soy infinito como el espacio, el mundo fenoménico es como una vasija. Esto es verdadero conocimiento.

Las cosas, las personas, los acontecimientos son como límites añadidos a la infinidad de lo real. Son la infinidad del substrato, no los límites añadidos. Los límites añadidos no son reales, sólo están en mi mente. Los límites añadidos son las estructuras objetivas y subjetivas.

Por ello, el mundo (conjunto de fenómenos) no ha de abandonarse, aceptarse o negarse.

Abandonar al mundo, aceptarlo o negarlo sería darle realidad.
El mundo como conjunto de cosas y personas que se dan por existentes y objetivas, no es real, por tanto no hay que darle la menor importancia. En cambio, el mundo como manifestación del absoluto debe aceptarse sin la menor objeción.

Soy como el Océano en el que los mundos son olas. Esto es el verdadero conocimiento, y el abandono, el cumplimiento o la negación no tienen sitio en él.

Si el mundo son sólo olas del Océano infinito, no cabe más que el reconocimiento, la aceptación y el amor. Y ese amor es unidad, porque el mundo y yo no somos dos.

Soy como el nácar, y el mundo imaginado es como la plata ilusoria que en el nácar hay. Esto es verdadero conocimiento que no admite ni abandono, ni cumplimiento, ni negación.

El mundo no es lo que parece ser, plata; es “lo que es”, mi propio ser original.

Estoy en todos los seres, y todos los seres están en mí. Esto es el verdadero conocimiento que no admite ni abandono, ni cumplimiento, ni negación.

No hay dualidad ninguna entre todos los seres y mi propio ser. Esto es “lo que es”. Y esa verdad no admite que se la abandone, que se la quiera realizar, -puesto que ya es-, ni que se la niegue.


EJERCICIO nº 7.

-Busca en el interior, todo miedo y toda duda desaparecerá; desaparecerán también todos los otros pensamientos centrados en torno del ego.

-Todo reposa sobre el convencimiento de que eres una entidad independiente y separada. Examina ese convencimiento cuidadosamente, porque está en la base de todas las aflicciones.
Es como una piel que te separa de la realidad. La realidad es a la vez interior y exterior a la piel; pero la piel no es en ella misma real.

-La idea de que el “ego” es una entidad separada, no nace contigo. Viene más tarde y es debida a tu identificación con el cuerpo.
Ha creado la ilusión de una separación donde no existe ninguna. Ha hecho de ti un extranjero en tu propio mundo y ha vuelto a ese mundo hostil para ti.

-Considera de donde proceden los pensamientos y para quién trabajan. Es para el ego. Sumérgete en el ego y busca su fuente. El ego desaparecerá. Cuando descubras la fuente verdadera, el ego no puede manifestarse más y desaparece.

-Los pensamientos implican la dualidad de sujeto y objeto. El Ser-Conciencia no es dualista. Es sólo, único. Es absoluto. Es puro. No hay dos yo, uno de los cuales conoce al otro. La dualidad no surge del Ser-Conciencia que es único y solo; surge de la vida del ego, es su característica fundamental.

-Encuentra tu Ser-Conciencia. Estáte con él, escúchalo, obedécele, manténlo siempre presente al espíritu. No precisarás otra guía.

-Presta atención a la atención; estáte presente a tu propia presencia.

-Para conocerte no tienes que practicar nada. Para conocerte, sé tú mismo. Para ser tú mismo, cesa de imaginar que eres esto o aquello. Sé solamente. Deja que tu verdadera naturaleza emerja. Mírate, mira tu propia existencia.


EJERCICIO nº 8.

Hay servidumbre cuando la mente desea algo, cuando se aflige por algo, cuando acepta o rechaza algo sintiendo alegría o ira.

Hay servidumbre mientras se busca algo porque se es accesible a los estímulos. Mientras se busque algo, la aflicción, el miedo, la ira o la alegría, son los compañeros de la vida. Con esos compañeros, la vida es sufrimiento.

Hay liberación cuando la mente no desea nada ni se aflige, no se encoleriza ni se alegra por nada, no acepta ni rechaza nada.

Hay liberación cuando ya no se busca nada porque no se es accesible a los estímulos. Cuando no se busca nada la aflicción, el miedo, la cólera y la alegría están ausentes de la vida. La actitud de no buscar nada es el testigo desapegado que es luz cálida y paz.

Hay servidumbre cuando la mente está apegada a cualquier percepción de los sentidos; hay liberación cuando no lo está.

El apego es la raíz del sufrimiento porque el apego es dependencia de algo exterior a uno mismo. La dependencia es fragilidad.

Cuando hay “yo” hay servidumbre, cuando no hay “yo” hay liberación. Sabe que esto es la verdad, y no rechaces ni aceptes nada.

La raíz del apego es el supuesto del “yo” como entidad autónoma venida a este mundo. El “yo” es una estructura de necesidades y, por tanto, de deseos y de apegos. Ya hemos visto que donde hay deseos y apegos hay sufrimiento y miedo. Por tanto, mientras dé al “yo” como una entidad real habrá servidumbre; cuando conozca que no es ninguna entidad real sino una función de la vida, habrá liberación.
Esa es la verdad, permanece como puro testigo, sin buscar ni rechazar nada.

EJERCICIO nº 9.

El desapego y el conocimiento son las llaves de la liberación.

Abandona los dos grandes enemigos, el deseo de gozar y el deseo de prosperidad mundana, cargados ambos del mal, así como la servidumbre a las buenas obras.

El deseo de gozar y el de poseer arrastran consigo el temor, la inquietud y el dolor. La servidumbre a las buenas acciones es también una esclavitud.
Ni el placer, ni la riqueza, ni la benevolencia traen la libertad, sólo el conocimiento es liberación total.

Considera a amigos, bienes, riquezas, palacios, esposas, dones y otras cosas buenas, como un sueño o un espectáculo mágico que no dura sino tres o cinco días.

Lo que parece ser y prometer, ni es ni cumple. Intenta conocer la realidad y la consistencia de las cosas.

Sabe que donde está el deseo allí está el mundo. Nutrido de firmes sentimientos de no-apego, libérate del deseo y sé feliz.

El deseo es una prisión. El desapego es la llave que abre las puertas de la prisión.

El deseo constituye la única servidumbre; librarse de él es la liberación. Cultivando la indiferencia por los objetos del mundo, se obtiene la beatitud de la realización.

El deseo construye el mundo en que vivimos desde la inquietud, el temor, la dependencia, las frustraciones.
Cultivar la indiferencia es cultivar el apoyo en sí mismo y, desde ahí, la libertad y la objetividad.

Tú eres Uno, pura Conciencia. El mundo es inerte e irreal. Incluso la ignorancia es inexistente. Así pues, ¿qué deseo puedes alimentar?

Conoce tu verdadera realidad. Entonces sabrás que el mundo es como una ensoñación. Todo es una ensoñación, incluso la ignorancia. Sólo el Uno es real.

Termina con las riquezas, los deseos, las buenas y piadosas acciones; no dan ningún reposo a la mente en la oscura selva del mundo.

Las buenas acciones, cuando se hacen por obligación y deber, no sirven para nada.
Ni el placer, ni la prosperidad, ni las buenas acciones liberan la mente y el corazón, por el contrario, someten y esclavizan.


EJERCICIO nº 10.

“No soy el cuerpo, ni el cuerpo es mío. Yo soy la Conciencia misma”. El que ha logrado este conocimiento, ha alcanzado el estado de lo Absoluto y cesa de pensar en lo que ha hecho, y en lo que no ha hecho.

Mi ser es el Ser-Conciencia, que es “lo que es” y no esta pasajera manifestación del Ser-Conciencia que es mi cuerpo. Mi ser es el océano, no la ola pasajera.
Puesto que es así, ¿qué importa lo que hecho o tenga que hacer?

“En verdad, todo es mi propio Sí, desde Brahma hasta una brizna de hierba”. Esta convicción libra del deseo y de la imaginación, y da pureza y serenidad. Razonando así, un hombre no se preocupa más de lo que ha sido alcanzado o de lo que queda por alcanzar.

Mi ser es el ser del océano. ¿Qué voy a necesitar? ¿Qué tengo que buscar? ¿Qué tengo que alcanzar todavía?

Aquel que está convencido de que este Universo múltiple y maravilloso no tiene existencia real, se libera del deseo, es pura Conciencia, y halla la paz en el conocimiento de que nada es real.

Sólo el océano es real. Las olas son sólo océano. Sólo el diamante es real, el Ser-Conciencia, el resto son sólo el resplandor de sus caras.
Quien sabe esto, se libera del deseo. Ese conocimiento es la liberación.

Permanece sólo como testigo.

Primero abandoné la acción física, luego las palabras y pensamientos excesivos; ahora permanezco en paz.

Retira tu corazón de la actividad, de las palabras y del mucho pensar, para que tu mente pueda permanecer en paz como puro testigo.

Se necesita la concentración cuando la mente está distraída por falsas identificaciones; dándome cuento de esto, permanezco en paz.

Si la mente está distraída porque busca algo, es que se ha identificado con el cuerpo. La concentración pacificará a la mente y así podrá comprender que no es el cuerpo.


EJERCICIO nº 11.

Tratar de pensar en el Sí, que está más allá del alcance del pensamiento, tan sólo es crear un nuevo pensamiento. Abandonando tal pensamiento permanezco en paz.

Para pensar en el Absoluto, no lo representes, no lo conceptualices, no lo pienses, piénsalo sin pensar. Tu mente en Él, en paz y sin pensar.

El conocimiento de la imperecedera Esencia convierte a un hombre mundano, activo y elocuente, en inactivo, silencioso y sabio. ¿Qué tiene de asombroso que los hombres que están apegados a los placeres de este mundo rehuyan la santa Verdad?

Quien está apegado a algo, aunque no lo sepa, rehuye la santa Verdad porque le destruiría aquello a lo que está apegado.

Ni tú eres el cuerpo, ni el cuerpo te pertenece; no eres ni el que actúa ni el que goza. Tú eres la Inteligencia misma, el eterno Testigo y libre por siempre. ¡Vive en la beatitud!

Reside, sin representaciones y en paz, en lo que eres: ni cuerpo ni actor sino el Ser-Conciencia.

Deseos y aversión son atributos de la mente; la mente no te pertenece. Libre de intrigas y dudas, conócete a ti mismo como Inteligencia inmutable y vive en la beatitud.

Tampoco eres la mente, con sus deseos y temores, recuerdos y proyectos, creencias y dudas. Eres Ser y Luz inmutable.

Sabiendo que tu Sí es el Sí de todos los seres, y que todos los seres permanecen en el Sí, desembarazado del egoísmo y del sentimiento de lo mío y lo tuyo, vive en la beatitud.

Medita en la unidad. Tu Ser y el Ser de todas las cosas, no son dos. ¿Qué egoísmo cabe en la completa unidad?

Tú eres esa Inteligencia en la que los mundos se levantan como olas en el mar; libérate de la fiebre de la dualidad, y vive en la beatitud.

El Absoluto, la fuente de todo, no es otro de ti. No hay dos, no eres otro de Él.

EJERCICIO nº 12.

El cuerpo es movido por los Gunas; viene, permanece y se va. El Sí no viene ni va; no hay motivo de aflicción.

Aunque tu cuerpo dure hasta el fin de una edad del mundo o perezca hoy, nada se le puede añadir o quitar a tu Sí, que es pura Conciencia.

En tu Sí, el infinito océano, los universos surgen y declinan por su propio movimiento, como olas. Deja que surjan o caigan, no pueden afectarte.

¿Cómo puede haber nacimiento, acción o aun sentimiento de individualidad en ti que eres tranquilo siempre y, por naturaleza, pura Conciencia?

En todo cuanto es manifestado, sólo tú apareces (te manifiestas). Brazaletes, anillos y sortijas hechos de oro no son sino oro.

Renuncia a distinciones como “yo soy esto”, “yo no soy esto”. Sabe que todo es tu propio Sí y, libre de deseos, sé feliz.

El mundo es el resultado de la ignorancia de tu propia naturaleza; en realidad, sólo tú eres. No hay ni jîva ni Ishvara, nada sino tú mismo.


EJERCICIO nº 13.

En el océano del mundo, Uno solo era, es y será. No hay ni servidumbre ni liberación en ti. Vive en perfecta felicidad, y en la conciencia de que todo está realizado.

Vive en tu propia naturaleza, consciente de que no hay nada que perder ni que ganar porque todo está ya realizado.

No turbes tu mente para adquirir o abandonar lo que sea. Permanece en la beatitud de tu propia naturaleza.

No hay nada que adquirir o abandonar, no te inquietes.

Abandona la meditación; no guardes nada en tu mente. Tú eres libre, y la beatitud misma; ¿qué quieres realizar por medio del pensamiento?

Medita, pero no creas que vas a adquirir nada con la meditación.
Utiliza tu mente para comprender, pero no creas que vas a adquirir nada con el pensamiento.

Hijo mío, el estudio y discusión de diferentes filosofías no van a consolidarte en el Sí. Olvídalo todo, y sé feliz.

Ningún discurso, por más filosófico y sabio que sea, te consolidará en la gran certeza, el gran Sí. Abandona esos esfuerzos.

Todos son afligidos por causa de sus esfuerzos. ¡Ay! Esto no lo comprende nadie; pero el que es sabio realiza su emancipación por esta misma enseñanza.

Comprende que no es cuestión de esfuerzos. ¿Por qué afligirte con esfuerzos cuando no hay nada que ganar o perder?

EJERCICIO nº 14.

Cuando la mente está libre de “he hecho esto y aún he de hacer aquello”, trasciende el deseo de los méritos religiosos, de las prosperidades en este mundo, de los goces sensuales y aun de la liberación, le pertenece la verdadera felicidad.

Quien no busca nada, ni siquiera la liberación, tendrá la luz y la paz.

El que desdeña los objetos de los sentidos está desapegado, el que está obsesionado por los placeres de los sentidos sufre apego; pero el que nada rechaza ni nada acepta no está ni apegado ni desapegado.

Quien verdaderamente no busca nada, ni acepta ni rechaza.

La actividad engendra apego, la renunciación produce aversión; pero el hombre sabio vive como un niño, libre de los pares de opuestos.

Quien sólo es testigo ni tiene apego ni aversión.

El que está apegado al mundo, desea renunciar a él para evitar el sufrimiento, pero el Sabio, que no tiene apego, no sufre ni en el mundo.

Quien tiene apego busca algo; eso le lleva al sufrimiento. Quien no busca nada, se libera del apego y, con ello, del sufrimiento.

El que mantiene la sensación de su “yo”, aun para la liberación, y conserva la identificación con el cuerpo, no es ni un sabio ni un aspirante espiritual; su suerte es el sufrimiento.

Para no buscar nada y no caer en el apego y el sufrimiento, es preciso “morir antes de morir”.

Aunque Shiva, Vishnú o Brahma te instruyan, a menos que consideres irreal al mundo y apartes todo sentimiento de egoísmo, no te consolidarás en tu propia naturaleza.

Sólo quien “muere antes de morir”, a sí mismo y a su mundo, puede consolidarse en su propia naturaleza.

EJERCICIO nº 15.

Quien conoce la Verdad no sufre ni interior ni exteriormente, pues sabe que él solo llena el universo.

Él es la Verdad que llena el universo.

En el mundo se encuentran los que ardientemente desean los goces mundanos y los que ardientemente desean la liberación, pero rara es la gran alma que no desea ardientemente ni los placeres ni la liberación.

Mientras que permanezca el que desea, no importa lo que desee, la liberación está lejos.

Se trata de un hombre iluminado que no está apegado ni a la virtud, ni a la prosperidad, ni a los placeres de los sentidos, ni siquiera a la liberación, y es indiferente a la vida y a la muerte.

¿Quién podría estar apegado y quién debería ser liberado?

Aquel que conoce este Conocimiento espiritual, cuya mente está absorta en la contemplación y está satisfecho, vive en la beatitud viendo, oyendo, tocando, oliendo o comiendo.

Quien conoce y está en beatitud no es ajeno a este mundo.
Conoce y es feliz viendo, oyendo, tocando, comiendo, actuando.

Viendo, oyendo, tocando, oliendo, comiendo, adquiriendo, hablando y andando, el gran hombre por encima de la acción y la inacción, está verdaderamente liberado.

El gran hombre no se separa de este mundo ni se aleja de la sociedad; sino que en ese mundo y esa sociedad conoce y es feliz.



EJERCICIO nº 16.

El hombre liberado siempre está arraigado en su propia naturaleza, y es puro de corazón, liberado de los deseos en toda circunstancia.

Quien se asienta en “lo que es”, (“el que es”), ¿qué puede desear?

Si ve a una mujer llena de amor o ve acercarse la muerte, permanece imperturbable, arraigado en su propia naturaleza. En verdad, ha hallado la liberación.

Quien reside en “lo que es”, ni puede desear nada ni temer nada.

El sabio sereno reconoce que todo es homogéneo y no percibe ninguna diferencia entre placer y dolor, hombre o mujer, prosperidad y adversidad.

Para el sabio no hay diferencias, todo es homogéneo porque todo es “lo que es”.

El hombre liberado no tiene ni aversión por los objetos de los sentidos, ni deseo ardiente. Desapegado para siempre, es indiferente a lo que se alcanza y a lo que aún hay que alcanzar.

Quien reside en “el que es”, no ve diferencias, ¿qué podría desear, qué tendría que alcanzar?

El hombre sabio que ha adquirido la vacuidad mental no está ni interesado por la contemplación ni por su ausencia. Está consolidado en el Estado Absoluto, y ha transcendido el bien y el mal.

Quien reside sólo en Atman, ha transcendido todo hacer y toda dualidad.

Desprovisto del sentimiento de “Esto es mío” y “Yo soy esto”, y sabiendo con certidumbre que nada objetivo existe en realidad, aquel que conoce la Verdad está en paz consigo mismo mismo, habiéndose apaciguado sus deseos. Aunque parece actuar, no se compromete en la acción.

Puesto que nada objetivo existe, ni yo ni lo mío existen. Esta es la Verdad y esta es la paz.

Inactiva la mente y liberado de la ilusión de la inercia, el hombre con Conocimiento de Sí experimenta un estado indescriptible.

La liberación de la egocentración es el conocimiento y una paz indescriptible.

EJERCICIO 17.

Salutación a Aquel que es beatitud, paz, luz, con cuyo primer destello de conocimiento
desaparece como un sueño toda ilusión con respecto al Universo fenoménico.

Adquiriendo numerosas riquezas, se disfruta de los innumerables placeres de este mundo,
pero para conocer la verdadera felicidad, hay que renuncia a ello.

El tener no da la felicidad, sólo la desnudez la proporciona.

Aquel cuyo corazón es quemado por el agobiante sol del deber,
no experimenta la felicidad hasta que su mente ha adquirido la serenidad.

El cumplimiento del deber no da la felicidad, la serenidad de la mente si la da.

El Universo no es más que una modalidad del pensamiento;
en realidad, no tiene existencia.
Aquellos seres que están liberados de esa ilusión, son inmortales,
identificados con la Realidad,
que es luminosa y no precisa de soporte para Su existencia.

La naturaleza del Sí es absoluta, inmutable, sin mancha.
No está distante ni se la puede alcanzar. Esa es la verdad.

Para aquellos que han conocido al Sí, la ilusión se ha disipado,
y la luz del puro Conocimiento brilla a través de ellos;
sus miserias han acabado y viven en la beatitud.

EJERCICIO nº 18.

Las ideas como: “yo soy esto” y “yo no soy aquello” se acaban con la convicción de que todo es el Sí. El Yoghi, habiéndolo comprendido, se vuelve silencioso.

Sólo el conocimiento de la unidad genera el verdadero silencio.

La posesión del cielo o la indigencia, ganancia o pérdida, compañía o soledad, son idénticos para el Yoghi que ha comprendido que su naturaleza está libre de todas las condiciones.

Quien se asienta en su naturaleza no carece de nada; por eso no necesita nada.

El Yoghi que ha trascendido la idea de dualidad, como “he hecho esto, aquello queda por hacer”, encuentra carente de sentido el ritual, la prosperidad material, el goce sensual o la discriminación.

Quien se asienta en la fuente no dual no tiene que ir más a buscar agua.

El Yoghi que es liberado mientras se encuentra aún con vida, ya no tiene deberes que cumplir, su corazón no está apegado a nada; sus acciones en este mundo son sólo apariencias.

Quien se sabe uno con el Único, ¿qué le queda que cumplir o conseguir?

Aquel que ha conocido a Brahman medita sobre “yo soy Brahman”, ¿sobre qué podría meditar aquel que no ve ninguna dualidad?

EJERCICIO nº 19.

Aquel que experimenta la suprema felicidad de su propia naturaleza, y cuya mente es siempre sosegada y pura, no tiene necesidad de renunciar, no siente la falta de nada en sí mismo.

Quien se asienta en el Absoluto, ¿qué le faltará o a qué tendrá que renunciar?

Para aquel que ha trascendido el mundo de las apariencias por el recto conocimiento no hay ni alegría ni tristeza. Con la mente serena, vive como si no estuviese ligado a su cuerpo.

Las alegrías y tristezas son siempre con relación a algo que se ha deseado o temido. La mente está serena cuando se libera, por el conocimiento, de lo deseado y lo temido. Entonces, vive como si no tuviera cuerpo.

Aquel que ha adquirido el estado natural de la vacuidad de pensamiento puede actuar como le place; no le afecta ni el honor ni el deshonor como al hombre corriente.

Un pensamiento que no objetiva, que no interpreta la realidad en función de los deseos y los temores, es un pensamiento vacío.
Quien tiene un pensamiento así, ¿qué le importarán las opiniones humanas?
Quien piensa así, actúa libre, porque no siente su corazón atado a ningún deseo ni ningún temor.

Aquel que actúa en conformidad con pensamientos tan puros como “el cuerpo actúa, no el Sí”, aunque parece actuar, no actúa.

Quien sabe que no es actor, porque el actor es único, sabe que no actúa aunque esté inmerso en medio de la acción.

Este hombre de paz, más allá de la distracción y la contemplación, no aspira ni a la liberación ni al encadenamiento. Sabiendo que el universo es una ilusión aunque lo percibe, permanece en el estado absoluto.

Aquel que sigue siendo egoísta es mentalmente activo incluso cuando está en reposo; pero el hombre sabio que se ha liberado del egoísmo es incapaz de pecado o malas acciones.

El egoísta, aunque parezca que no actúa, actúa.
El que ha callado su egoísmo, aunque actúe, no actúa.

EJERCICIO nº 20.

El hombre ignorante está desorientado al oír hablar de la Verdad espiritual, pero el hombre sabio, al oír hablar de la Verdad, retira su conciencia en sí mismo aun cuando ofrezca la apariencia de un tonto.

La Verdad no es algo externo, algo objetivable. La Verdad es interna y no objetivable.

Aquellos que ignoran la Verdad practican concentración y disciplina, pero los sabios que han encontrado el Atman Infinito en sí mismos, están siempre satisfechos y ya no reconocen ninguna causa para la acción.

La Verdad está en nosotros mismos, ¿qué habría que buscar fuera?

Tanto si lleva una vida de acción, como si se retira del mundo, el hombre ignorante no halla la paz espiritual, mientras que el Gnóstico descubre la Verdad y se vuelve por siempre feliz.

Ni en el retiro ni en la acción hay nada que encontrar.

Aunque estén entregados a diversas prácticas, los hombres no reconocen el Sí, que es la Inteligencia, eternamente puro, amado, perfecto, que trasciende al Universo cambiante y está liberado de todas las condiciones.

No hay nada que encontrar, sólo reconocer lo que no cambia en el seno del cambio.

Un hombre ignorante no alcanza la liberación, aun practicando asiduamente la concentración; mientras que el bendito es siempre libre y está liberado de toda actividad, gracias al conocimiento espiritual.

Quien busca algo jamás lo encontrará, por más que busque. Sólo el conocimiento puede mostrar que no hay nada que buscar.

El hombre ignorante no realiza Brahman, pues todavía lo desea conocer. El hombre sabio, por su parte, realiza la naturaleza del Brahman Supremo sin desearlo.

Quien hace de Brahman algo deseable a conocer, jamás lo conocerá.

EJERCICIO nº 21.

No hay paz espiritual para el ignorante, pues la desea y la busca en el mundo exterior; los sabios la realizan interiormente como “siempre alcanzada”, y están en paz.

¿Dónde está el Conocimiento de Sí para aquel que depende de las cosas exteriores? Sin hacer caso del mundo, el sabio contempla el Sí inmutable.

Ni la paz ni el conocimiento de Sí pueden depender de fuera. Una y otra cosa deben depender sólo de la propia fuente.

Los ignorantes que se esfuerzan por controlar su mente no lo consiguen jamás; pero los sabios cuyo máximo deleite está en el Sí, lo alcanzan sin esfuerzo.

La mente es inquieta por su misma naturaleza, sólo el conocimiento del Sí la calma.

Es raro el que no concede ninguna importancia a los fenómenos y saborea la paz.

Lo que tiene que ver con nuestros intereses es lo único que damos por real. Eso mismo es lo que nos quita la paz.

Aunque aquellos que tienen poca inteligencia consideren al Atman como sin-segundo e indiferenciado, sin embargo, bajo el efecto de la ilusión de la relatividad, no lo llegan a comprender, y a lo largo de toda su vida permanecen sometidos al sufrimiento.

El conocimiento conceptual del sin-segundo, del no-dos, es insuficiente, si se continúa dando por real el mundo que tiene que ver con los propios intereses (el mundo de la dualidad).
El conocimiento meramente conceptual es inútil para alcanzar la paz.

EJERCICIO nº 22.

Aquel que ha apartado la duda y cuya mente está absorta en el Sí, ya no busca los medios de liberarse. Viendo, oyendo, tocando, oliendo y comiendo, vive feliz en el mundo.

Para el liberado no hay este mundo y el otro. Este mundo es el otro.

La independencia (con respecto al deseo y a la aversión) es el medio de liberarse, de ser feliz y estar en paz. El supremo estado de conciencia también se obtiene por medio de la independencia.

La independencia del deseo, que es el desapego, es la clave de la felicidad y la realización.

Todas las modificaciones de la mente se disipan cuando un hombre comprende que él no es ni el que actúa ni el que goza.

Quien se independiza del deseo, silencia al ego. Sólo entonces comprende que él no es actor.

A veces los sabios de intelecto liberado, que han trascendido la mente y en nada está limitados, se divierten en pasatiempos varios, y a veces se retiran a las profundas cavernas de las montañas.

Quien silencia el ego trasciende la mente y, con ello, trasciende la individuación. Entonces, todo es uno para él, la diversión y la meditación.

Ningún deseo surge en el corazón del sabio al ver a un venerable brahmín envuelto de respeto, o a un dios, o un lugar sagrado, o a una mujer, o un rey, o un ser querido.

El desapego del sabio es completo porque ve en todo al “no-dos”.

Aunque parezca experimentar placer, no lo experimenta; aunque parezca sufrir, no sufre. Sólo los que han realizado la condición suprema pueden conocer este estado.

En toda situación está en completa paz. Cuando la paz es completa, ni el placer es placer, ni el dolor es dolor.

EJERCICIO nº 23.

El hombre poco iluminado, incluso cuando no hace nada, está agitado; mientras que el sabio iluminado permanece sereno incluso cuando cumple los deberes de este mundo.

No es la acción o no acción lo que determina la paz o la agitación, sino el conocimiento o la ignorancia.

El hombre de intelecto sereno es feliz en la vida cotidiana, duerma, actúe, hable o coma.

La serenidad del intelecto la da el conocimiento.

Hasta la vida pasiva e introspectiva de un hombre engañado crea actividad, Mientras que la vida de acción del sabio produce la inactividad.

El sabio, como un niño, aun si parece ocupado en la acción, está perfectamente desapegado; sin móvil, no se identifica con el trabajo en el que aparentemente está ocupado.

El niño cuando juega, no se identifica con el trabajo que representa hacer, ni tiene móvil. Así es el sabio.

Para los sabios, siempre sosegados e infinitos como el espacio, ¿dónde está el reflejo del Sí, dónde está el mundo, dónde el medio y dónde el fin?

Para el sabio no hay ni el Sí separado del mundo, ni mundo separado del Sí, ni medios ni fines. Todo es “lo que es”, “el que es”.

El iluminado, que sabe con certidumbre que el mundo no es otra cosa que el producto de la ilusión y no existe en realidad, y que conoce lo inexpresable, goza de la paz natural y de la beatitud.

-El conocimiento, capaz de generar certeza plena, de que el mundo que damos por real, el de los sujetos y los objetos, está sólo en la mente,
-y el conocimiento, capaz de generar certeza plena, de que “Eso no-dos” es lo único real, es la beatitud y la paz.

 

 

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