Corazón al acecho y alma en vilo. Poemas de Amable Sánchez Torres

Pequeña antología de este poeta, nacido en Morasverdes (Salamanca) y residente en Guatemala desde 1965.
Para saber más: Charla en el campus de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala), TEDxUF.
https://www.youtube.com/watch?v=tf_ZfvVirfw

Prólogo III: L a poesía

 

Entre líneas la poesía

como el aire entre las ramas.

Se ven las ramas moverse.

Del aire no se nada.

 

De pronto se incendia el árbol

Y es todo el aire una llama.

Se ve la llama en el aire.

Del aire no se ve nada.

 

Aire del aire en el aire,

aire que ya es todo brasa,

brasa que solo es ceniza…

Del aire no se ve nada.

 

El aire se va llevando

la ceniza y la palabra.

Solo el silencio y el aire…

Del aire… no se ve nada.

 

Aire silencioso y claro

que me traspasas el alma:

aunque yo nunca te vea,

del alma no te me vayas.

(Del pasto al rocío. Dios y la niebla)

 

 

Esta noche cantará un pájaro menos.

Entre la vida y la muerte

existe ahora la misma distancia que entre la luz y el asfalto.

Probablemente muchos se pregunten por qué ha temblado el globo

por qué han tenido la impresión de que el universo entero ha dado un largo traspiés,

y no acabarán de explicarse por qué las lámparas oscilan,

por qué tiemblan los cristales,

por qué el rocío pierde su equilibrio.

Los geólogos sospecharán  de algún inagotable terremoto

y hablarán de veleidosos epicentros;

los físicos sospecharán de clandestinas pruebas nucleares

y hablarán de amenazantes megatones;

los financieros hablarán de potentes industrias en quiebra,

los políticos y los militares de sucísimos golpes de Estado,

los curas de carismáticas tensiones en la curia romana…

Solamente los poetas y los niños descubrirán la única causa verdadera.

Porque nada ha ocurrido aquí para que haya que distraer la atención generosa de los bomberos,

a no ser esta máquina, que sigue encogida de hombros,

o este pájaro que muere, con las alas y los ojos plenos de eternidad.

Por lo demás, solo la respiración de la tarde parece un poquito más agitada.

Visto lo cual, ¿qué importancia puede tener para el mundo que esta noche

–porque la noche viene–

pueda cantar un pájaro más o un pájaro menos?

(Como al pasto el rocío. Seis calas en un vacío, 6)

 

Llevo de cuando en cuando

mis huesos al cementerio

–como quien enseña a caminar a un niño–,

para que cuando muera

sepan ir ellos solos

sin molestar a nadie.

(Como al pasto el rocío. Bordado en tela de duda, 2)

 

Si de pronto me muriera,

dadle mis versos al viento

para que el viento los lea.

Si no encuentran más lectores,

¡que así sea!

(Como al pasto el rocío. Bordado en tela de duda, 18)

 

Si solo tengo el aire,

¿qué les voy a dejar

a los demás?

 

Si solo tengo el sueño

de volar,

¿qué les voy a dejar?

 

¿Qué les voy a dejar,

si después de tanto

remar

no tengo más que un remo y el mar?

 

A los demás

les hubiera dejado

un granito de sal,

una gota de lluvia…

Pero después de tanto inventariar

–o acaso es inventar?–

solo puedo dejarles

mi forma de callar.

 

¿Qué les puedo dejar?

Si ya ni el aire tengo…

ni el sueño…

ni la sal…

ni la gota de lluvia…

 

El remo no se lo puedo dejar

a nadie,

ni tampoco el mar.

Que esos los necesito

Para –¿dije morir?–

Remar.

(Como al pasto el rocío. Esa vaga tristeza sosegada, 14)

 

En esta encrucijada

hay dos caminos,

uno me lleva al cielo

y otro a mí mismo…

Mas yo refiero

ir a mi mismo siempre

en vez de al cielo.

(Como al pasto el rocío. Esa vaga tristeza sosegada, 15)

 

Para encontrarse con Dios

no hace falta monasterio,

ni cumbre, yermo, ni valle…

Lo que hace falta es misterio.

(Como al pasto el rocío. Esa vaga tristeza sosegada, 17)

 

“Noli foras ire, te ipsum redi.

In interiori homine hábitat véritas“ (San Agustín)

 

Que la buscara en la noche.

Pero en la noche no estaba.

 

Que acaso en un alba nueva…

Pero tampoco en el alba.

 

Que acaso en el viento…

Sola

cruzó una paloma en llamas,

tras la paloma una sombra,

tras la sombra una nostalgia.

 

Decidme dónde se esconde…

Y cuanto más la buscaba

más parecía ocultarse,

pasión de niebla y distancia.

 

Hasta que regresé un día,

perdida ya la esperanza,

y estaba dentro de mí

crucificada en mis ansias.

 

Verdad… Mi verdad insomne,

dardo florido en mi llaga,

tan clara por tan oscura,

por tan humilde tan alta.

 

Siempre jugando este juego

de la soledad del alma:

yo… buscándote lejos

y tú… tan cerca que andabas.

(Como al pasto el rocío. Esa vaga tristeza sosegada, 29)

 

Entre la fe y las creencias

pasa la verdad intacta

como un río que se aleja.

Y yo me quedo en la orilla

–lloroso sauce de niebla–

soñando que vuelva un día

y que me lleve con ella.

(Como al pasto el rocío. Esa tristeza sosegada, 37)                                 

 

Oración de quien

no sabe decir otra cosa

 

Que tu Palabra sea mi palabra,

Señora de Silencios. Que yo hable

solo si tu Palabra es mi palabra,

y que me llene todo de silencio

como cumbre remota y soleada

en que Dios esté a gusto.

Que tu Palabra sea la palabra

con que Dios hable en mí cuando yo calle,

pero que calle siempre y que me quede

como los niños semiadormecidos

cuando Dios hable en mí. Que no balbuzca,

que no interrumpa a Dios,

que solo escuche.

Que tu palabra y tu Silencio sean

el hontanar en que mi voz se abreve,

en que mi voz se bañe cada día.

Que cuando muera sea tu Palabra

el último refugio de mis labios

y que el ángel Gabriel me ponga en ellos,

como brasa o albor, su dedo índice.

Que así me encuentre Dios cuando me llame

14 de junio de 1988

(Como al pasto el rocío. Señora de silencios, 1987-1988, 12)                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

 

 

en el umbral de un sueño

 “Desde el umbral de un sueño me llamaron…”

(Antonio Machado)

Detrás del higuerón el sol diseña

la frágil vidriera de la tarde.

Arde el cielo al trasluz y mientras arde

con otra luz más alta el alma sueña.

 

Verde aún arderá toda la leña

y ceniza será cualquier alarde.

Aguanta, corazón, no seas cobarde:

pronto será tu contraseña seña.

 

Alguien te llamará del otro lado

tan dulcemente y con tan fiel cuidado

que no dudes quién es. Vela tranquilo.

 

Que todo cuanto al alba nos conduce

en esto se traduce y se reduce:

…corazón al acecho y alma en vilo.

Ángeles de San Rafael, CR, 24/5/2014.

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